Lenín Moreno: crónica de una traición develada en Ecuador

Promesas de electorales pasadas

En 2017 Lenín Moreno se posesionó como Presidente de la República del Ecuador, después de ganar la contienda electoral con el apoyo de su predecesor, Rafael Correa, de quien decía sentirse orgulloso de haberle colaborado en dos períodos como su Vicepresidente y continuar con el mejor Gobierno de la historia del país, así como también de participar en una nueva etapa con Jorge Glas, para poder ejecutar el plan de gobierno de la Revolución Ciudadana, alabando su carácter socialista y los resultados alcanzados en los comicios. Sin embargo, todos desconocíamos que había un plan en marcha para destruir la década ganada y retornar al poder a los grandes grupos económicos financieros, y así dar un giro en América Latina a los gobiernos de izquierda, con el impulso y visión de los terroristas financieros.

La conspiración

Moreno, junto al entonces presidente de la Asamblea Nacional, José Serrano, y el apoyo financiero de Juan Eljurí, negociaron en primer lugar el retorno del expresidente Abdalá Bucaram desde Panamá, con el fin de atacar al gobierno saliente de Correa, a cambio de otorgarle la administración de la Empresa Eléctrica y el mayor hospital –recién construido– de Guayaquil. Estos actos de traición a la voluntad del voto popular venían siendo orquestados desde que Moreno estuvo en Europa con María Fernanda Espinoza y Eduardo Mangas, detallando sus aspiraciones de poder y encajar con las oligarquías quiteñas. Lenín no dudó en reunirse con la banca inmediatamente posesionado para negociar su respaldo a cambio de la liberalización de intereses; la eliminación del dinero electrónico y el permiso del retiro de dólares del país.

El vicepresidente Jorge Glas denunció públicamente estas irregularidades que incluso, en reunión privada, Moreno aceptó, confirmando que había gente puesta por Bucaram. Al no callar, Glas fue involucrado inmediatamente en investigaciones por los sobornos de la empresa brasilera Odebrecht, siendo apresado sin presentación de pruebas e inconstitucionalmente removido de su cargo por la Asamblea Nacional, que entraría en una división entre asambleístas alineados con Moreno, a cambio de cargos para sus familiares en diferentes instituciones públicas y manejo de fondos, y los leales al proyecto de la Revolución Ciudadana, pronto perseguidos.

Poder y pecado capital

Comenzó así una nueva reorganización del Estado ecuatoriano con el discurso de recibir un país endeudado y la necesidad del financiamiento externo del Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo expulsado en 2007 por Correa; siendo de conocimiento general que estos créditos vienen ligados a duras políticas públicas de reducción del Estado; privatización de empresas proveedoras de energía, petróleo y telecomunicaciones, que al ser consideradas “sectores estratégicos” por la Constitución, solo pueden ser manejadas por el Estado; y la eliminación de subsidios a los combustibles.


Avanzaron los dos primeros años con poco éxito en estos objetivos, hasta que en octubre de 2019 Moreno aceleró el cumplimiento de los requerimientos del FMI con un decreto que provocó las protestas más grandes de la historia nacional y una guerra de información entre los medios de comunicación públicos y privados, alineados al Ejecutivo, contra las noticias difundidas en redes sociales por la ciudadanía que rechazaba ya desde varios meses en encuestas la gestión del Presidente, cuya aceptación llegó a ser inferior al 20%, y provocó la muerte en las calles de más de 11 personas, más de un millar de presos, incluidas autoridades electas afines al correísmo, y la negociación del Movimiento Indígena de un acuerdo de derogatoria de las medidas económicas que, lamentablemente, en los últimos días y a excusas del coronavirus y el estado de excepción, Moreno ha logrado implementar.

Los otros poderes del Estado fueron captados previamente por el oficialismo, tanto la Asamblea, la Corte Constitucional, la Fiscalía, la Contraloría y el Consejo de Participación Ciudadana, dominando todas las decisiones y persecuciones contra sus enemigos.

«Desconocíamos que había un plan en marcha para destruir la década ganada y retornar al poder a los grandes grupos económicos financieros, para dar un giro en América Latina a los gobiernos de izquierda»

Tres años neoliberales

En su reciente Discurso a la Nación, tras cumplir sus tres años de “gestión”, Lenín Moreno pidió a los asambleístas que dejar en paz a sus ministros y tener algo de prudencia, luego de que varios actos de corrupción se hayan evidenciado en el Gobierno, por ejemplo, en la compra de fundas para cadáveres de 12 dólares, adquiridas en 148 dólares –precio defendido en redes sociales justamente por Abdalá Bucaram–; canastas de alimentos que al por menor tienen un costo de 85 dólares fueron compradas en 150 dólares; entrega de dineros de construcciones de hospitales y su administración a varios asambleístas. Previamente, Moreno no se olvidó de recordar que les había enviado una ley para el combate a la corrupción que estos no habían aprobado aún.

A esa misma Asamblea, que debería aprobar su informe, que a ratos parecía estar referido a un país imaginario en otro universo paralelo, en que la culpa de los más de 17 mil fallecidos por Covid-19 no se debe al haber despedido en 2019 a miles de médicos, ni reducir el presupuesto en salud o a negarse a construir hospitales grandes –porque, según sus propias palabras, ”son difíciles de administrar”–, tampoco a que repartió las administraciones de hospitales a los asambleístas y la familia Bucaram desde el 2017 –como botín para lenincuentes–; sino a la culpa de los maestros que no habían enseñado en las escuelas por años normas de higiene, lo que causó miles de muertos justamente en Guayaquil, ciudad que registra al menos 12 mil 700 defunciones. La misma ciudad que el 24 de mayo de 1822 envió a su Ejército a la Batalla de Pichincha para liberar al resto del territorio de lo que hoy se conoce como Ecuador; y, claro, con un presidente de la Asamblea que orgulloso dijo haber implementado Zoom, aunque aún no logra que los asambleístas afines al Gobierno, que deben estar en sus casas, participen de las sesiones para discutir las leyes que necesita la patria, que se muere.

Universo cuántico

Para el presidente ecuatoriano la culpa de todos los males sigue siendo de Rafael Correa y el Gobierno anterior. No hay culpa de un mandatario que se declaró incompetente para gobernar en marzo y que días atrás transfirió sus funciones a la Secretaría de la Presidencia, evidenciando el abandono de cargo y otras causales para su destitución o su renuncia, si tuviera ética. Pero también sonriendo dijo: “Me falta un año de gobierno y muchos sé que están felices”.

El fracaso y la muerte

En tres años de gobierno, la administración Moreno deja un saldo de mal manejo económico; ciudadanos fallecidos; 150 mil personas despedidas de sus trabajos en los últimos meses; pequeña y mediana industria quebradas; el nepotismo con su hija “la abanderada”, que gana más de siete mil dólares en la Cancillería; tres sueldos que cobra el Ejecutivo ilegalmente; miles de millones de dólares condonados a los grandes grupos económicos en impuestos; y un pueblo al que le obligan a pagar hasta el último dólar para poder tener una cuenta de ahorros abierta.

A eso le siguen los 18.36 millones de dólares transferidos por coimas por parte de la empresa panameña Synohidro a RecorSA, reconocidos por el Servicio de Rentas Internas de Ecuador. Empresa que pertene a Conto Patiño, amigo íntimo de Moreno, que realiza la compras de muebles y vajillas de lujo enviados al domicilio de este en Ginebra y que fueron adquiridos por la compañía INA Investment Corp. Esta empresa tiene sus acciones también a nombre Conto Patiño, pero fue creada por el hermano de Moreno y los nombres de las tres hijas del Presidente terminaron precisamente en INA. La cuenta de origen de las transferencias es la # 100-4-1071378 del Balboa Bank Panamá, y hasta el Gobierno de Suiza ha pedido al Estado ecuatoriano levar la inmunidad del primer mandatario para proporcionar a la Fiscalía toda la información de las transacciones bancarias.

Cuando Moreno pronunciaba: “No tendríamos su respaldo, si no estuviéramos haciendo lo correcto”, no se estaba refiriendo al pueblo, al mandante, sino al soporte de Donald Trump, luego de haber entregado a Julian Assange; acusado de dictador a Nicolás Maduro; cumplir con lo dictado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). También pidió el respaldo a las empresas que se hicieron de los recursos naturales de la nación y a las empresas públicas sin ninguna inversión, pero, sobre todo, al que le dan sus nuevos amigos, los banqueros Fidel Egas, Guillermo Lasso y los medios de comunicación que han ocultado la verdad de lo que pasa en Ecuador, mientras a los opositores se les acusa de crear noticias falsas en redes sociales, porque les cuesta creer que alguien los enfrente, aunque sea por Internet.

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